Tiene un enfoque cuantitativo y es aquella que se realiza cuando el problema se ha definido claramente y permite un estudio preciso de los patrones de comportamiento que se quieren observar y medir.
Es más apropiada para estudios de investigación concluyentes, ya que impone limitantes al observador o investigador, con el fin de aumentar su precisión y objetividad, y así obtener información adecuada del fenómeno de interés.
Presenta menos problemas en cuanto a la forma de registro, pues apela a procedimientos más formales de recopilación de datos o la observación de hechos, estableciendo de antemano los aspectos que se han de estudiar.
Así, la recolección de datos suele realizarse con base en “lista de control”, herramientas diseñadas para registrar la ocurrencia o frecuencia de comportamientos o eventos y sus características y las escalas de clasificación, mediante las que el observador califica los fenómenos con base en una escala de clasificación en una serie de dimensiones.
A su vez, la observación estructurada se apoya también con elementos técnicos tales como: fichas, cuadros, tablas, etc.
Técnica cualitativa, que a diferencia de la observación estructurada, no se utilizan categorías preestablecidas para el registro de los sucesos que se observan, si bien tal categorización suele hacerse después de recogida la información para propósitos de interpretación de los datos.
Briones (1998) cita el libro Metodología de la observación de las ciencias humanas de María Teresa Anguera donde se proponen los siguientes criterios para realizar la observación no estructurada:
1. Participantes: Se precisa su caracterización: edad, sexo, profesión, relación de los participantes entre sí, posibles estructuras o agrupaciones, etc.
2. Ambiente: Una situación puede tener lugar en distintas localizaciones y es conveniente saber, además, el aspecto del ambiente, qué clase de comportamiento es facilitado, permitido, desalentado o prohibido. Las características psicológicas o sociales del ambiente pueden ser descritas en términos de qué clase de conducta es aprobada o reprobada, considerada como normal o anormal, como positiva o negativa, etc.
3. Objetivo: Debe buscarse la finalidad o propósito que ha unido a los participantes, si es que ha existido, y la reacción de éstos a tal fin; compatibilidad o no de los propósitos de los distintos sujetos; otras finalidades existentes además de la principal.
4. Comportamiento: Formas de desenvolverse de los participantes que puede referirse a:
a) Cuál fue el estímulo o acontecimiento que lo inició.
b) Cuál parece ser su objetivo.
c) Hacia qué o quién se orienta la conducta.
d) Qué forma de actividad se da en la conducta (charlar,
correr, gesticular).
e) Cuáles son las cualidades de la conducta (intensidad,
persistencia, no habitualidad, duración, afectividad...).
f) Cuáles son sus efectos, es decir qué conductas evoca en
los demás.
Al registrar las observaciones no estructuradas, el investigador debe decidir:
a) Respecto al momento en el cual debe registrar o tomar notas de sus observaciones: La decisión habitual es la de tomar notas de las observaciones en el lugar y tiempo de su ocurrencia, con el fin de evitar distorsiones que puede ocasionar la memoria cuando el registro se hace después. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la anotación directa, a la vista de los observados, puede:
Para evitar consecuencias como esas, el observador debe hacer los registros inmediatamente después de haber terminado su trabajo. También es útil hacer algunas señales en el cuaderno de modo tal que le sirvan como referencias para recordar algunos de los sucesos observados.
b) Respecto a dónde y cómo debe registrar esas notas: El instrumento más adecuado es el diario de campo y las observaciones deben anotarse en forma narrativa, con todos los detalles posibles. Al terminar un período de observación, conviene repasar las notas para complementarlas, si fuera necesario.
Las notas que se registran en la libreta deben contener siempre los siguientes datos:
Además de las anotaciones el investigador agrega pequeños mapas o esquemas del contexto observado, diagramas sociométricos referidos a los alumnos y al profesor y otros recursos gráficos para una mejor comprensión del ambiente en el cual se han observado las interacciones del caso.
Es la observación realizada por el investigador integrado al grupo que estudió como un miembro más del mismo. En tal carácter puede informar, en términos muy generales, de su proyecto de investigación, pero en todo momento debe actuar con la mayor naturalidad. Su participación de ninguna manera podrá influir en el grupo.
La observación participante permite registrar comportamiento no verbales y llegar a una comprensión más íntima de las conductas de los miembros del grupo al cual se ha incorporado el investigador. La técnica requiere una especial atención para memorizar las diversas formas y significados de los procesos grupales, pues conviene que su anotación se haga después de ocurridos los hechos, salvo muy breves notas que el investigador pueda tomar sin que se haga notoria esta conducta.
La observación participante tiene el mérito no solo de intentar explicar los fenómenos sociales sino de tratar de comprenderlos desde dentro, lo que implica sacar a la luz los procesos racionales que estén ocultos detrás de conductas que aparentemente pueden carecer de significado para un observador externo.
Briones, G. (1998). La investigación social y educativa. Bogotá, Colombia. Convenio Andrés Bello
Briones, G. (1998). La investigación en el aula y en la escuela. Bogotá Colombia. Convenio Andrés Bello.
Cabrero García, J. & Richart Martínez, M. Metodología de la investigación I. Técnicas de recogida de datos. Versión On line tomado de: http://www.aniorte-nic.net/